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viernes, 26 de agosto de 2016

LA COMUNICACIÓN ENTRE LAS ABEJAS

La comunicación entre las abejas

Sin comunicación un animal se vuelve antisocial o solitario, porque las interacciones sociales requieren la transferencia de información aunque esta consista en simples señales: La comunicación significa la transferencia de estímulos que provocan respuestas fisiológicas y de comportamiento en individuos receptivos.


La extraordinaria coordinación, cooperación y colaboración entre las abejas son sin duda el resultado de una buena comunicación. 

Aristóteles se quedó con la miel en los labios cuando observó trabajar a las abejas. Quiso saber más, pero a falta de evidencias, especuló. El filósofo creía que la miel tenía un origen celeste, que caía de más allá de la atmósfera sobre las hojas y las flores, y de allí era recogida por las abejas. En realidad, las obreras recolectan el néctar de las flores que, más tarde, es transformado en miel en la colmena. Más acertado estuvo cuando sospechó que las abejas, para organizarse, se debían comunicar entre sí de alguna manera.

Cuando las exploradoras descubren una fuente de comida, regresan a la colmena. Poco después, un grupo de recolectoras vuela directamente hacia las flores sin necesidad de guía. Antes de partir, no obstante, han visto bailar a las exploradoras. Como si de una danza tribal se tratara, la coreografía está llena de significados. En ella hay información para que las abejas puedan encontrar la comida por su propia cuenta. Fue el etólogo austriaco Karl von Frisch quien, a principios del siglo XX, descifró este curioso baile.

Para Karl von Frisch, contemplar la naturaleza era algo irresistible: “Nací con amor hacia el mundo animal y el placer de observar sus impulsos vitales”, decía. Descifrar el baile de las abejas fue una motivación al largo de su vida. Gracias a ello, se escabulló de los nazis, que descubrieron que Von Frisch tenía una abuela judía y quisieron echarlo de la universidad. Sin embargo, como las abejas polinizan cultivos valiosos, los nazis consideraron que su trabajo era importante para el suministro de alimentos. Al final, se le permitió continuar con la investigación e incluso recibió fondos del Estado.

No le hicieron falta grandes utensilios ni material sofisticado, solo el don del buen observador. Se percató que si las flores están a más de 150 metros de la colmena, las exploradoras bailan realizando una figura en forma de ocho: primero van en dirección recta, después hacen un semicírculo, otra vez rectas y finalizan con otro semicírculo. En la fase rectilínea, la abeja mueve el abdomen vigorosamente de lado a lado. Cuando más lejos está el alimento, más dura el meneo. No obstante, conocer la distancia no es suficiente, falta saber la dirección.

Una obrera realizará un baile perpendicular el techo del panal, si el alimento está en la misma dirección que el Sol. Si las flores están, por ejemplo, a 40 grados a la izquierda del Sol, el baile será ejecutado 40 grados a la izquierda de la vertical del panal. Las bailarinas transponen el ángulo solar a un ángulo gravitacional. En conclusión, el ángulo que adopta la abeja, con relación a la vertical del panal, representa el ángulo que se forma entre la fuente de alimento y la posición del Sol, siendo la colmena el vértice. La dirección del baile va cambiando con el movimiento del Sol, al largo del día y las estaciones.

Estos y otros descubrimientos le valieron el premio Nobel a Karl von Frisch en 1973. Aun así, nunca se libró de críticas y controversia. Varios científicos, entre ellos el profesor Adrian M. Wenner, tienen una idea diferente sobre las abejas. Wenner cree que el baile no indica la ubicación de una fuente de alimento, sino que los olores florales en el cuerpo del recolector son la clave principal que permite reclutar más abejas en búsqueda de néctar y polen. La realidad biológica probablemente se encuentra en algún lugar entre estas dos teorías.


Las ideas y experimentos de Karl von Frisch inspiraron a otros científicos a comprometerse con las cuestiones relativas a la comunicación animal. Investigadores de todo el mundo empezaron a estudiar el lenguaje de los monos, de las aves, de los cetáceos… Durante muchos siglos, la comunicación había sido dominio exclusivo de los seres humanos, hasta que von Frisch estudiando a simples abejas desdibujó, como tantos otros, la frontera entre el Homo sapiens y el resto de animales.

Karl R. von Frisch 



(Viena, 20 de noviembre de 1886 – Munich, 12 de junio de 1982)). Estudió zoología en la Universidad de Munich. Su labor investigadora se desarrolló en el Instituto de Zoología de la Universidad de Rostock y en la de Breslau.

En 1910 comenzó con estudios sobre peces probando que podían distinguir colores y brillo. También trabajó sobre la capacidad auditiva y la capacidad de distinguir sonidos demostrando que es superior en esta clase al de los humanos.

En 1919 comenzó a estudiar los insectos, específicamente las abejas, demostrando que siendo entrenadas, pueden diferenciar varios gustos y olores y que el sentido del olfato es similar al de los humanos, pero el sentido del gusto es diferente.

Pudo demostrar que, mediante determinados movimientos que llamamos danza de la abeja o del coleteo, y mediante el movimiento vibratorio del abdomen las abejas exploradoras informan al resto de la colmena dónde se encuentra la fuente de alimento, señalando la dirección y la distancia.


En 1949 pudo demostrar, utilizando luz polarizada, que las abejas utilizan el Sol como compás para orientarse, recordando los patrones de polarización presentados por el cielo en diversas horas del día y de la localización de señales previamente encontradas. Sin duda sus aportes a la apicultura fueron enormes, dado que de ellas se desprendieron conocimientos como el rango de acción de la especie Apis melifera.

jueves, 30 de octubre de 2014

Evolución: El juego de Dios

New Atlantis Full Documentaries
Publicado el 2/5/2013
La mayoría de nosotros pasamos la vida haciendo caso omiso de los efectos cotidianos que podrían beneficiarse de un conocimiento más profundo del ciclo evolutivo increíble. El mensaje de Darwin es para la gente. No sólo habla sobre los animales, las plantas y los hongos, sino también sobre los seres humanos.

Sin embargo, la sociedad moderna increíblemente civilizada que hemos desarrollado vive casi en su totalidad fuera de estas leyes, como si no existieran. Muchas personas interpretan la obra de Darwin como una negación de la divinidad.

Pero, en realidad, la evolución también puede ser entendida como una herramienta, la gran herramienta utilizada por el Creador del Universo. Un mecanismo tan perfecto que no necesita retoques.


jueves, 28 de agosto de 2014

Cambio probablemente generado por una necesidad de adaptación a la alteración de su ecosistema (ejemplo: ríos y/o lagunas en sequía)

Un pez caminante desvela el salto de la vida acuática a la terrestre

Hace aproximadamente 400 millones de años, un grupo de peces comenzó a explorar la tierra, dando lugar a los tetrápodos anfibios, que más adelante se convertirían en los reptiles, aves y mamíferos de hoy en día. Sin embargo, la evolución anatómica de la vida marina hacia la terrestre sigue siendo un misterio para los científicos.
Para tratar de resolver esta incógnita, investigadores de la Universidad McGill (Canadá) estudiaron al Polypterus senegalus, un pez que vive en África y que tiene la capacidad de respirar el aire y "caminar" en la tierra, muy parecido a los antiguos peces que evolucionaron en tetrápodos.
Los investigadores trasladaron a un ejemplar de Polypterus a la vida terrestre durante casi un año para ver su evolución, el movimiento del pez fue diferente en tierra, según publican los autores del estudio en la revista Nature.
"Las condiciones ambientales estresantes a menudo pueden revelar variaciones anatómicas y de comportamiento de otra forma críptica, una forma de plasticidad del desarrollo", explica la directora del estudio, Emily Standen. "Queríamos utilizar este mecanismo para ver si podríamos desencadenar nuevas anatomías y comportamientos, para luego estudiar si coinciden con lo que sabemos de los registros fósiles".


Señales de evolución

El pez mostró cambios anatómicos y conductuales significativos. Caminó sobre la tierra eficazmente colocando las aletas pegadas a su cuerpo e irguiendo la cabeza. "Anatómicamente, su esqueleto pectoral se hizo más alargado con uniones más fuertes a través de su pecho, posiblemente para incrementar el apoyo al caminar. También se observó una disminución del contacto con el cráneo para permitir potencialmente un mayor movimiento de la cabeza o el cuello", explica Trina Du, participante en el estudio.
"Debido a que muchos de los cambios anatómicos se quedan reflejados en el registro fósil, podemos formular la hipótesis de que los cambios de comportamiento que vemos también reflejan lo que pudo haber ocurrido cuando los peces fósiles caminaron por primera vez con sus aletas sobre la tierra", afirma Hans Larsson, catedrático de investigación en macroevolución en McGill.


Un experimento sin precedentes

La investigación que adaptó al pez Polypeterus a la vida terrestre es única. Con lo cual, este experimento ofrece nuevas ideas sobre cómo los peces fósiles pueden haber utilizado sus aletas en un ambiente terrestre y qué procesos evolutivos estaban en juego.
"Este es el primer ejemplo que conocemos que demuestra cómo la plasticidad del desarrollo puede haber facilitado una transición evolutiva a gran escala, mediante el acceso a nuevos comportamientos y anatomías que más tarde podrían llegar a integrarse genéticamente por medio de la selección natural", conlcuye Larsson.

Diario El Mundo de España